Concierto Nacho vegas Gijón. 20 años no es nada.

Home  /  blog  /  Current Page
nacho_vegas_disidentes_pah_083

Fotografía Xurde Margaride. @xurde.net

La Fábrica, Xixón. Allá por finales de la década de los 90. Me acuerdo que pinchaba Surgeon y Mónica Osmo. Sí, era la Fábrica, era un domingo a las 12 de la mañana, (qué cosa puedes hacer mejor un domingo por la mañana que estar de after, ir a misa o a hacer una ruta ). Y allí estaba yo, en esa terraza maravillosa de la Fábrica. Bueno, creo que estaba en la Avenida de Portugal. Ahora hay una mierdapisos. Y de maravillosa solo tenía nuestra imaginación y el portero recachas que de vigilaba la terraza. Miraba hacia atrás, en vez de a la terraza, como que no había más mundo que su pared de espaldas a lo que se estaba perdiendo  que no era otra cosa que unas 200 personas con la cara muy rara, haciendo lo único que se podía hacer un domingo a esas horas. O estar de after, o ir a misa, o a hacer una ruta un domingo por la mañana.

Total que estaba de joda, a las 12 de la mañana, y pidiendo un Biosolán en la barra de la terraza me encontré en una conversación con Mónica Osmo, dj anfirtriona y Surgeon, artista invitado, yo, y un tal Nacho. Charlamos un rato. Ahora podría parecer; qué interesante, pero no,  Mónica y Surgeon seguro que fueron a pinchar, y no discos. (Nacho se quería pinchar a Mónica, más tarde entendería su gusto por las mujeres hermosas) Y allí nos quedamos Nacho y yo. Jodiendo también, pero todo aquello de lo que no nos gustaba y nos reíamos. Y también, de lo que no nos reíamos, pero nos gustaba. Hablamos de tantas cosas…

Hablamos un buen rato los tres. Él, nuestro pedo y yo. Y no nos conocíamos.  ¿O sí?

Al final, nuestra conversación se diluyó entre las voces de personajes oscuros y las risas incontenibles que nos regalaban los tipos más peculiares de aquel irrepetible experimento sociológico. De aquella terraza. Y no nos volvimos a ver. ¿Quién coño era ese Nacho.? Tocaba en un grupo, creo. Lo siento, no soy de los capaces que mueven el mundo que son capaces de recordar lo que sucedió el día anterior.

20 años después me encontré con ese Nacho en  la plaza del Atocha. No nos conocimos. Bueno, yo a él sí, porque él ya era famoso, pero soy algo olvidadizo y a mi esas gilipolleces me importan bastante poco.

La historia es que llevábamos la misma mierda. Aunque supongo que no sería la misma. Que no nos duraría 20 años. O sí. ¿Quién sabe.? ¿Quién no es capaz de vivir 20 años en la misma mierda?

Entonces, entré en el bar y un tal Luis (casi nada), músico de él y de León Benavente me reconoció. Y nos presentó y volvimos a conjugar nuestro infinito verso del siempre y nunca más. Y todo se quedó ahí.

Más tarde, otro día, lo vi tocar y cantar y sentir. En la Sala Acapulco. Y estaba tocando, cantando y sintiendo, como todos los que estábamos allí. Y como si en la Fábrica estuviese, me contó, nos contó al oído, suavecito, aquellas sus cosas, aquellas que todos sabemos y pensamos y que no nos atrevemos a decir. No nos atrevemos a pensar, pero que él las piensa, le atormentan y las dice, por eso le dicen Nachín el tímido. Una mierda.. También nos azuzó con historias nuevas y nos animó a gritarle al poderoso mientras haya un desahucio más.

Y estaba con aquel heterodoxo, a la par que delicioso, coro donde también cantaba Isa. Y por un momento pensé que esta ciudad fría y del norte, norte del que estuve exiliado física y emocionalmente durante muchos años, merecía la pena. Pensé que el dolor que proyecta Nacho con sus emociones hace que precisamente le des valor a las emociones y sigas creyendo que después de Zarracina siempre nos quedará una Vida Alegre que soñar.


Leave a Reply

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR